Al agua patos!

Más allá de los parecidos físicos razonables, una de las cosas que más me llaman la atención de la gordita es que le gusten las mismas cosas que a mí: las manzanas, el pan, el mando de la tele, los taquitos de jamón, el agua… El agua en todas sus versiones. La bañera, el mar, y la piscina.

Cuando se acercaba el verano una de las conversaciones más recurrentes entre amigos y familia era qué reacción iba a tener en la playa, con el mar o en la piscina. “Seguro que le va a gustar”, “a mi hijo las olas le dan miedo”, “mi niña se comía la arena”… A mí realmente me daba un poco igual, pero ante tanto comentario, tengo que decir que me picaba un poco la curiosidad, la verdad.

Aunque de primeras el tacto de la arena no le agradó demasiado, con el mar fue un auténtico flechazo. Se tiraba de los brazos para bañarse, mojarse los pies, o chapotear.
Su reacción con la piscina no se quedó atrás. Por muy fría que estuviera, quería seguir dentro.

Visto lo visto, comencé a buscar dónde podíamos ir a natación en invierno. No pretendo que aprenda a nadar (que tampoco estaría de más!), sino más bien compartir con ella ese momento que le produce una felicidad infinita.

Al agua patos!

El lunes comenzaron las clases. Aunque el grupo es para bebés de 1 a 3 años, la gordita es la más pequeña con diferencia. Los demás sobrepasan los 2 años. Pero, ¿por qué? ¿por qué no hay bebés de su edad? Sencillo, porque las instalaciones no son muy cómodas para bebés con poca autonomía.
Acceder con el carro por los tornos de la entrada no es muy adecuado, por lo que vamos con la Tonga. Pero claro, desvestirte con la niña sentada en los bancos del vestuario (procurando que no se caiga), ponerle el gorro de látex o ducharte con ella en brazos, pues no es el colmo del confort que digamos.
Pero que todo es organizarse. No es tan complicado poner un pañal con una sola mano, o retirarle el gorro con la boca porque está mojada y no quieres soltarla por si se te escurre :)

Aún así, la experiencia está valiendo la pena. Ya hemos jugado con el churro, flotado, salpicado agua, mordido los pececillos de juguete, saltado desde la colchoneta, hecho amigos. Y seguro que aún quedan muchas más cosas por hacer.
Dentro de unos pocos meses, nos habremos olvidado de todos esos inconvenientes, y la gordi campará independiente por la piscina.
Y mientras ese día llega, paciencia!

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