Dancing queen

Que nos gusta la música no es ningún secreto. En casa solemos tener la radio puesta, escuchamos spotify o algún disquito. Tanto “adiestramiento” ha dado sus frutos, y la gordi comparte también ese entusiasmo.
Eso sí, ella no le hace ascos a nada, lo mismo es la musiquilla de un anuncio, los Fleet Foxes, Julio de la Rosa o Baby Radio. Cuando la música suena, empieza la fiesta: carita de felicidad, bamboleo de cabeza y se le van los pies. A bailonga no le gana nadie!

Con esa pasión que le echaba, pensamos que lo suyo iba a ser tocar algún instrumento. Suerte que en su cumple cayó un xilofono y nos dimos cuenta de que prefería escuchar más que crear, que si no, me veía ya con la guitarra y la batería versión mini en mitad del salón.

Imagen extraida de aquí

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Descartada, al menos de momento, la carrera musical, parecía que la gordi iba más encaminada a ser una fan de menear el esqueleto, una dancing queen. Y cual hortera de los 80, se paseaba con la radio de barba-papá apoyada en el hombro pegada a la oreja. Digno de ver.

Esta niña necesita su propia radio ya!, le dijimos a Los Reyes Magos (las clases de danza las dejaremos para más adelante). Algo sencillito, que fuera fácil de transportar, resistente a caídas y que almacenara mp3. Y puestos a pedir, con una única versión por favor, nada de rosa para niñas, azul para niños, no se fueran a liar Sus Majestades.

Unas eran muy pijas, otras muy sofisticadas, para niños mayores, con precios astronómicos, recién salidas de un todo a cien…jo, qué complicado! Hasta que la encontramos…pero estaba agotada! Vaya, se conoce que hay una amplia tribu de bebés locos por la música ahí fuera.

Barba-papá no se dió por vencido y ayudó a Los Reyes buscando aquí y allá, hasta que la encontró en Amazon. Oe, oe, oe!

Yo no apostaba un duro por el regalo, todo sea dicho. Estaba segura de que sería flor de un día y se quedaría olvidada en algún rincón. Me equivoqué.
Con una tarjeta de memoria repletita de música variada, un asa que la hace fácil de transportar, unos botones enormes y un micrófo para pegar berridos, hemos despertado al monstruo enloquecido que vivía aletargado dentro la gordita. Su energía es desbordante y te persigue incansable para que la acompañes en sus sesiones maratonianas de baile y zapateo.
Con tardes como éstas, ¿quién necesita gimnasio?

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5 Reflexiones sobre: “Dancing queen

  1. Pingback: Puro teatro...para bebés! - En casa con mamá

  2. ¡Qué bailonga!

    Pues ya sabéis: ¡Viva la fiesta!

  3. Mir on 21 enero, 2014 at dijo:

    Ole ole!!!

    Si yo hubiera tenido ese cacharro de peque lo habría gozado!

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