Los bebés no ensucian

Me encanta el orden, lo confieso. Soy una auténtica obsesa de que todo esté bien en su sitio, como de anuncio. Y por supuesto limpio y reluciente.
Ya me costaba lo mío tener mi casita impoluta con un perraco de 40 kilos con alopecia y gusto por restregarse por cualquier superficie blanca, pero nunca pensé que habría algo peor que hiciera temblar mis esquemas sobre qué está limpio y que no. Ya podéis imaginar el qué. O el quién: la gordita.

Antes de que llegara lavé toda su ropa, la nuestra, al perro… y dejé todo listo y ordenado. Sabía que se aproximaban algunas semanas en las que iba a tener que bajar el listón higiénico. Hasta que me recuperara, porque, como todo el mundo sabe, los que ensucian son los niños mayores, con sus pinturas, su chocolate, sus juguetes por el medio y sus mocos. Ja-ja-ja-ja. Sí, así de pardilla era yo!

dibujo

Primero vinieron las cacas. O era particularmente cagona o me lo parecía a mí, porque yo no hacía más que frotar bodies en el lavabo. Ouch!
Cuando parecía que ya no había más escapes de pañal, llegaron las regurgitaciones de leche y los pequeños vómitos. ¿Qué había comido el angelito para que aquello oliera así de mal? y sobre todo ¿por qué yo también olía de esa manera?

Evidentemente, cada vez que nos manchábamos, corría a lavarla con jabón y cambiarle la ropita. Aquello era un sin vivir. Todo el día lavando y desnudando a la pobre criaturita. Así que decidí “conformarme” con darle con una toallita húmeda sobre la mancha y mirar para otro lado. Me costó, no voy a mentir, pero luego ya me salía natural. Incluso si no tenía toallita, una gasita o un pañuelo me venían bien.
Llegados a este punto, comencé a darme cuenta de que aquello era un camino sin retorno.

A los seis meses empezamos con la alimentación complementaria. Motivadísima comencé a darle a probar la comida en pequeños trozos, para que ella investigara las texturas, los tamaños (el método baby led weaning, vaya) Ya decía el libro que aquello era un sistema un poco guarrete, pero, yo confiaba en que mi niña iba a atinar a meterse la comida en la boca a la primera y que no ensuciaría tanto.
Aún así, en cada comida la cambiaba de ropa, la forraba con un maxi babero y le subía las mangas hasta el codo. Daba igual cuánto la preparara, acababa de mugre hasta la coronilla. Literal, porque tiene la costumbre de frotarse el pelo justo cuando más comida tiene en las manos. Así que, como podeis imaginar, me relaje, y ahora sólo le pongo un babero.

Y llegó el gateo. Ver a un bebé gatear es un espectáculo, verdad? pues las primeras veces yo sólo podía verla como una pequeña mopa que arrastraba toda la suciedad del suelo. Se le quedaban pegados los pelos del perro, las pelusas, las migas…Y luego, la tenía que coger en brazos, y yo con la camiseta blanca!!
Me llevé semanas debatiéndome entre mantener a mi hija limpia, limitando sus ansias de avanzar, o aparcar mis deseos de limpieza. Me terminé acostumbrando, claro.

A estas alturas, creo que ya no tengo la más mínima duda de que esto va para largo, y que no merece la pena sofocarse ni perder el tiempo, y que la limpieza no da la felicidad.
Así que, en esas estamos, con la gordita sucia y la casa sin barrer!

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Comentarios “Los bebés no ensucian

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