Moxibustión. Mi experiencia

Si un embarazo fuera una película americana de adolescentes, el parto equivaldría al baile de graduación. Ese final por las que todas han suspirado durante el curso, que les ha quitado el sueño, y que esperan ansiosas y temerosas. La protagonista, tras multitud de tropiezos, logrará, no sólo ir al baile con el chico, sino que éste la bese y le confiese su amor verdadero.
Pero, ¿Qué pasaría si no llega a besarla? ¿o si alguien interrumpe ese instante mágico?

Cuando en la semana 32 el ginecólogo me dijo que ese bulto que asomaba a la altura de mis costillas era la cabeza de mi hija, que por tanto estaba en podálica (de culo, para entendernos), y que aquello sonaba irremediablemente a cesárea, lo primero que se me vino a la cabeza fue que no había llegado hasta el baile para que el protocolo de un hospital impidiera ese contacto tan necesario con mi bebé.

Sí, había hecho los deberes y tenía relleno mi plan de parto explicando mis prioridades, pero, tampoco tenía mucha fe en que, llegado el momento, alguien se preocupara en leerse aquella parrafada y respetara mis decisiones.

tripa

Me dediqué a andar a cuatro patas por el césped, a situarme en el borde de la cama de rodillas con las manos en el suelo, a hacer el pino en la piscina, a visualizar la posición correcta… y un sinfín de ejercicios que la matrona me iba recomendando para motivar a la churumbela a poner la cabecita mirando a la salida.

De casualidad me hablaron de la moxibustión. Me quedé perpleja, me generó cierta desconfianza, y aquello me sonaba casi a brujería. Ni siquiera lo busqué en google (nótese con esto el nivel de desinterés que despertó en mí).
Para mi sorpresa, unos días más tarde en la revisión con la matrona me sugirió probar esta técnica. Me dijo textualmente: “Si te aseguraran que, cogiendo el autobús y dando seis vueltas a la ciudad la niña cambia de postura ¿no lo harías? No es peligroso y no tienes nada que perder.
Aquello me pareció bastante contundente. Lo consulté con el ginecólogo y estuvo de acuerdo.

Para aquellos que a estas alturas estéis tan perdidos como yo lo estaba entonces, os cuento un poco:
La moxibustión es una terapia parecida a la acupuntura, puesto que estimulan los mismos puntos, pero empleando calor. Hay que valerse de un puro de artemisia vulgaris (moxa, en japonés) secada, prensada y envuelta en papel de morera. Así, el bastón al prenderlo, produce calor, pero no genera llama.

Cuando mediante esta técnica se persigue el giro del feto, el punto a estimular se sitúa en la parte exterior del dedo meñique del pie. La moxa se coloca a unos 3-4 cms de la piel para que se transmita calor de forma ininterrumpida pero sin llegar a quemar. 15 minutos con cada pie.

Hasta ahí perfecto, pero, ¿cómo se llevaba a la práctica correctamente? Y los bastones esos, ¿no creo que los vendieran en el supermercado, no? Además, y no menos importante, ¿cuánto me iba a costar?

Extraída de aquí

Extraída de aquí

Pregunté en un centro de acupuntura y eureka, parecía que estaban al tanto de la moxibustión y la practicaban. La acupuntora me explicó que se debían practicar seis sesiones en un periodo de no más de 10 días (interrumpiéndolo de inmediato el tratamiento en caso de que el bebé se colocara correctamente), empezando preferiblemente alrededor de la semana 32 y no más allá de la 36. Yo ya estaba casi de 37 semanas, lo que reducía bastante las posibilidades de éxito.

Quedamos en tener una primera sesión en la que enseñaría a barba-papá a cómo proceder, el punto exacto, el tiempo, cómo me debía colocar yo. Luego, el resto las practicaríamos tranquilamente en casa. El bastón nos lo proporcionaban ellos, y ante cualquier duda, podríamos acercarnos o llamar. ¿Coste total? el de la primera consulta, 21€. Iba tarde, tal vez la niña ya estaba demasiado grande para girar, pero no tenía nada que perder.

Lo cierto es que no sabía qué esperar, pero cuando, al poco de aplicar el calor, mi tripa comenzó a pegar saltos, mis esperanzas ganaron enteros. No era como cuando terminas de comer chocolate, eran movimientos más amplios. Como si se revolviera. Sentía una reacción inmediata. Nada de dolor, ni incomodidad, tampoco contracciones. El resto del día seguí apreciando más jaleo que de costumbre.

Como el tiempo se me echaba encima, decidimos repetir la operación los cinco días siguientes. Una semana tumbándome cada tarde en el sofá mientras barba-papá me aplicaba la moxa. Para luego abrir las ventanas de par en par, que el minúsculo salón terminaba oliendo como un fumadero.
No todos los días resultaron iguales. Siempre había movimiento, más que lo habitual, pero he de reconocer que no tanto como la primera vez.

La gordita no llegó a girarse. Puede que la moxibustión no funcionara, al igual que no lo habían hecho el resto de recomendaciones posturales, o que ya fuera tarde y no tuviera espacio para girar, o no quisiera o…qué se yo.
Aún así, creo que es una técnica a tener en cuenta (ojo, controlada por un especialista), y que sin lugar a dudas volvería a intentar si se me repitiera el caso.

¿Qué pensáis? ¿Conocíais este procedimiento? Si alguien lo ha probado, ¡no dudeis en compartir vuestra experiencia!

¡Feliz semana!

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4 Reflexiones sobre: “Moxibustión. Mi experiencia

  1. Había oído hablar de otras técnicas para ayudar a girar al bebé, pero nunca de ésta. Es una pena que te llegara tan tarde la información. Supongo que, si se me diera esa circunstancia, no sería mi primera opción, pero tampoco la descartaría, si lo demás no funciona.

  2. Me has dejado con los ojos como platos.

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