Halloween me parte el corazón

Entre Halloween y yo no hay química. No le entiendo, y me consta que él tampoco me comprende a mí.
Por mi parte lo he intentando todo, de verdad, pero nada, no ha surgido la chispa. Somos como el agua y el aceite, opuestos, jamás simpatizaremos.
Claro, que tampoco me sorprende, porque hablamos idiomas distintos.
A él le pirran los caramelos y las chocolatinas, a mí me tiran más los huesillo de santo y los buñuelos.
Su gusto por la decoración recargada y las paredes atestadas de telas de araña y murciélagos repugnantes choca con mis anhelos de casita limpita y sábanas en orden.

halloween

Él disfruta las largas noches presentándose en otras casas con su pandilla de amigos, mientras que yo prefiero un plan tranquilo al sol de la mañana.
Para él, octubre es un buen momento para disfrazarse, pero yo, definitivamente me quedo con febrero.
A la hora de ir al cine siempre discutimos. Estoy harta de que me lleve a pasar miedo con películas de adolescentes asesinos o muertos vivientes.
Tampoco acabo de entender su entusiasmo por destripar calabazas y aprovecharlas de candelabro, si tenemos unas lamparitas de noche de Lladró monísimas!
Por no hablar de que no trago a su gato, ese minino negro que me produce tanta alergia.

Y aunque estemos de acuerdo en que su madre es una bruja, lo nuestro es imposible.
Otro año será!

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#15cosassobremí

Plantearle un reto en Instagram a alguien tan estusiasta de esta red social como yo, es como poner una piruleta en la puerta de un colegio, una tentación. Y claro, no me he podido resistir (ni ganas!)

El desafío, organizado a cuatro manos por las chicas de Marie lived in London y La fábrica de secretos tenía como fin conocernos entre todos de un modo más personal. Que sí, que Instagram saca nuestro lado cotilla o exhibicionista, pero de vez en cuando, está bien mojarse el culo a fin de conocer gente interesante.

Y ahí ha estado servidora, enganchada quince días. Y ha merecido la pena, oiga. He descubierto auténticas joyitas instagrameras, he visitado casas, paisajes y familias muy inspiradores, y he confirmado que el poder de Instagram es incalculable.

Os resumo aquí mis 15 cosas sobre mí, aunque igualmente podeis verlas directamente en mi instragram con el hashtag #15cosassobremí. ¿Para cuándo el próximo?

reto_15_cosas

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Trastos, trastos y una cuna de cartón

Viviendo en una casa pequeña aprendes muchas cosas. Aprendes a tenerlo todo ordenado para no tropezar, a decorar con tres cosillas, que el color blanco hace que la casa parezca más grande, a esconder la ropa sucia para que no se vea desde la entrada, a hacer buen uso de los altillos, a vigilar el horno sentada desde el sofá…Y lo mejor, a no acumular. Una casa diminuta te ayuda a controlar el Diógenes que todos llevamos dentro.
Por eso, cuando supimos que la gordita venía en camino, no nos planteamos buscar una casa más grande, podíamos apañarnos de sobra con el espacio que teníamos. Eso sí, teníamos que tener muy claro qué cosas necesitaríamos de verdad y cuáles no. No había cabida para caprichos inútiles.
El problema sería dicernir qué era imprescindible y qué no. Ya sabeis, unos te dicen que no podrás sobrevivir sin hamaquita, y otros que es un armatoste infernal.

trastos

Optamos por no desmadrarnos e ir comprando las cosas según las fueramos necesitando.
Me costó lo mío entender que nos haría falta una mini cuna. ¿por qué? ¿y qué pasa con la cuna? ¿Otro chisme que sólo te va a durar cuatro meses? Vale, el bebé se puede sentir abrumado en una cuna grande, y no quiero que se agobie tan pronto.
Para mi desgracia, los precios de las mini cunas no eran nada “minis”. Problemón. Además algunas, tenían tanto emperifolle que ocupaban casi lo mismo que la grande.

Buscando, buscando encontramos una mini cuna de cartón. Sí, cartón, como las cajas de mudanza. Sencilla, muy mona, precio súper competitivo, plegable, colchón incluido. ¿Pegas? ninguna, sólo el reparo de poner a dormir a tu bebita en un trozo de cartón creyendo que se iría al suelo a la primera de cambio.
Hasta que un día, por casualidad, hablando con una clienta, bingo! ella la había usado con sus dos hijos. Vale, no necesitábamos más, alguien la había probado y estaba contento. Decidido.

Cuando contamos que la gordita dormiría en una mini cuna de cartón que nos había regalado el tío D. hubo bastantes caras raras, la verdad, cómo si estuviéramos haciendo algo mal, o fuéramos unos modernos insensatos (error!, ya hay paises que lo llevan haciendo muchos años) pero cómo yo ya estaba taaan harta de tener que escuchar opiniones acerca de todo sin pedirlas, seguí convencida de haber hecho una buena elección, aunque, claro, con el temor de que el invento no cubriera nuestras expectativas.

minicuna_carton

Al terminar de montarla, supe que habíamos dado en el clavo. Jo, era mucho más firme de lo que habíamos imaginado, pero no pesaba nada, la podíamos mover por toda la casa. Y para colmo, en tres pasos la tenías desarmada.
Fue la cunita de la gordi unos cinco meses. Podíamos haberla usado un poco más, si no fuera porque con las volteretas que pegaba la peque durmiendo, ya se le quedaba corta. Eso sí, para siestas y para tenerla vigilada en el salón, seguía sirviendo.
Más tarde fue la cuna de los juguetes, que en algún sitio tenían que descansar los pobres :)

Sin lugar a dudas, ha sido de los mejores trastos que hemos tenido. Otros no nos han resultado tan prácticos, pero ya os contaré otro día.

 

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Luna llena (o cómo no pegamos ojo)

Siempre he sido bastante incrédula en lo que a mitos y supersticiones se refiere.  Estando embarazada me divertía eschuchar a la gente contarme con convicción esas historias sobre si mi tripa tendría tal o cuál forma en función de si estaba esperando una niña o un niño.  Si tenía cara de que mi bebé iba a nacer con una melena pantojil, o si iba a tener los pies grandes. Había incluso quien aseguraba que no podía bañarme en el mar o que mi hija podría nacer ciega si me daba el sol en la barriga. Bobadas!

Cuando se iba acercando la fecha de parto los comentarios se centraban más en asegurarme que debía observar el calendario lunar para predecir el día exacto en el que vendría la gordi, porque la luna llena (o la nueva, según versión)  motivaba un aumento de partos (y nos pasamos por el forro la FPP y los registros y los años de experiencia del ginecólogo y la matrona, no?) Incluso el abuelo F. al que considero hombre cabal, me decía que, si la luna era capaz de influir sobre las mareas, qué no haría con las personas.

A pesar de todo,  la luna no tuvo nada que ver el día que nació la gordita. Otra fábula más, pensé.

fases_luna

Como era tan comilona, dormiamos poco, pero con todo y con eso,  las noches eran bastante tranquilas. Hasta que llegó la luna llena. Sí, ésa cuyo influjo había subestimado. Fue una noche de continuos despertares, llantos y alboroto. Estaba desesperada ¿sería uno de esos endiablados cólicos?
Al día siguiente lo consulté con la matrona. Descartado el cólico – me dice – es probable que la inquietud fuera por la luna llena. Mamá ojiplática.
Como mi matrona era muy “espiritual” consulté con el pediatra. Misma respuesta.
A ver, no es que quisiera que mi hija sufriera un cólico, sólo que me costaba creer que esa notable alteración del sueño estuviera causada por la luna llena. Pero si yo no creía en esas cosas!!

Bueno, casualidad o no, ya había pasado, y no podría volvera comprobarlo hasta el próximo ciclo.
Un mes después, zas, igual. Noche de insomnio total. No era posible! Tal vez era yo, que me había obsesionado con el tema y claro, le había contagiado mi nerviosismo a la niña.

Ha pasado ya un año desde entonces, y no ha habido un sólo mes en el que la noche de plenilunio haya sido sinónimo de tranquilidad y sueño plácido. Todo lo contrario.
Es cierto que la gordi no es especialmente hábil para dormir, pero la diferencia entre una noche mala y una de luna llena es notable.
No estoy pendiente del  calendario lunar, pero si hemos tenido una nochecita en vela,  al día siguiente corro a consultarlo, y… voilà, ahí está: la luna.

En fin, rectificar es de sabios, así que ahora ya no soy tan descreída para según que cosas. Pero si lo puedo demostrar, mejor. Eso sí, lo de la forma de la tripa, no me lo trago!

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Un trabajo sin valor

El otro día, gracias a Monitos y Risas, me topé con este interesantísimo artículo que me dió qué pensar.
No hay que ser un lince para entender que la estamos cagando, y mucho, despreciando un trabajo que es uno de los pilares de nuestra sociedad. Sí, me pongo intensa, pero resulta que los bebés humanos no son capaces de valerse por sí mismos durante unos cuantos años, y claro, alguien tiene que estar a su lado, guiándoles y protegiéndoles, no?

Si esa labor la desempeña una cuidadora, un profesor, o un abuelo nadie duda de que se trata de una tarea encomiable y digna de admiración, pero si por el contrario es la madre la que decide, por ejemplo, aparcar su profesión y quedarse en casa con el bebé, muchos la tacharán de perezosa o aprovechada.
“Mira, ahora ya no trabaja y sólo cuida de su bebé”  ¿Cómo? ¿Qué no trabaja? Está claro que la ignorancia es demasiado atrevida, porque si alguien ha pasado siquiera un día completo con un bebé sabrá que es agotador, un no parar. Además, no estamos hablando un trabajo de ocho horas del que te despreocupas al salir, son 24 horas de dedicación y entrega.

Y pensarán algunos que claro, que yo qué voy a decir si soy madre, trabajo desde casa y así cuido de la gordi “cómodamente” full time! Pues no señores, lo digo porque durante muchos años yo he sido tan estúpida como para creer que ser madre era tarea para mujeres mantenidas y aburridas que se dedican a criar como conejas para matar el tiempo. Pensaba que la maternidad era totalmente incompatible con mujeres liberadas y seguras de lo que quieren. Y que la única manera de ser y sentirse útil era a través de una profesión remunerada.

Una madre nunca descansa, 24 horas de dedicación y entrega.

 

Poco a poco fui matizando mi postura, aunque seguía teniendo muchos prejuicios. Como la idea de que la maternidad nos hacía débiles, y nos convertía en seres mononeuronales cuyo centro de gravedad estaba en el ombligo de nuestros hijos. O que irremediablemente una madre no era capaz de tener otras aspiraciones en la vida más allá del cuidado de su prole. O que ser madre no se podía considerar un trabajo porque nadie te pagaba por ello.

Sólo bastó algo de tiempo (y una pizca de experiencia) para darme cuenta de lo equivocada que estaba.
Cuando eres madre no dejas de ser mujer, ni amante. Puedes seguir siendo una gran profesional, continuar teniendo aspiraciones, mantenerte curiosa, inquieta. No te lobotomizan en el parto. Es normal que tu universo gire en torno a tus pequeños, pero es mucho más amplio, y tiene multitud de planetas que también llaman tu atención. Una madre nunca descansa, y no espera una nómina a final de mes.

Por eso, me enfurece tanto la gente que desmerece este trabajo, que utiliza el término madre como algo peyorativo sinónimo de histérica descerebrada. Esa gente que olvida la labor que hicieron sus propias madres, y que piensa que son mejores personas que tú. Aquella gente que te da la brasa con sus interminables monólogos sobre su jefe, pero que desoye tus anécdotas con los niños porque “sólo son cosas de madre” y eso en las categorías laborales se valora a la baja.

Será la edad, la hora o las hormonas, pero si de algo estoy segura es de que ser madre es el trabajo más duro que he tenido jamás, el más intenso y con mayor responsabilidad, pero sin duda, del que estoy más orgullosa, aunque no cotice a la seguridad social!!

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El rosa no es un color

Así es, el rosa no es un color. Los científicos parecen estar de acuerdo en que el rosa no es un color que se halle entre el espectro de colores de la luz.
Pues para no existir, bien pesaditos que están algunos con el dichoso (no) color!
A mí en particular nunca me gustó demasiado. Cosas de familia, supongo, porque a mi madre tampoco le agradaba, y creo que eso caló hondo en mi relación tormentosa con el dichoso colorcito.
Realmente no es que sienta tirria por el rosa, es más bien que no comprendo ese pensamiento único que dicta que por ser mujer te debe gustar o que las niñas deben vestir de pies a cabeza de ese tono.

Cuando supe que daría a luz a una niña, se me pusieron los pelos como escarpias pensando en esa cantidad de fanáticas del rosa inundando mi salón con vestidos con grandes lazos, zapatitos bordados y juguetes. Todo en mi recién descubierto “rosa-bebé”. Porque además, el amante del rosa siente un gusto irrefrenable por vestir a los bebés como lo hacían sus abuelas (camisas de organza, capotas o faldones), y yo soy más de body de algodón.

Así que, decidí anticiparme, y dejé claro entre amistades y familia que no quería nada que oliera siquiera a rosa o que fuera excesivamente clásico. No debían sentirse obligados a regalarnos nada, de verdad, pero si lo hacían, les gustaría saber qué nos agradaba y qué no.
A pesar de que hubo a quién le costó entenderlo, nos parecía que la mejor manera de vestir a un bebé era con prendas cómodas, que no le molestasen, y que fueran sencillas de poner, quitar o lavar. Y que hay vida más allá del rosa!

flamencoRosa

La mayor parte respetó nuestras indicaciones (a pesar de que a menudo es complicado encontrar una alternativa), así que pensamos que no era tan difícil de entender: se podía ser niña y no vestir de rosa.
Pero, ¿de verdad se podía? Pues para mi sorpresa, para la mayor parte de los mortales, un bebé que no va adornado como un altar y que no viste de rosa de los pies a la cabeza es…un niño!

Al principio no decía nada cuando, en el ascensor por ejemplo, alguien comentaba que qué mono era mi niño. Para qué dar explicaciones.
Pero resultaba algo cansino escuchar todo el rato lo mismo, así que pensé que si aclaraba que era una niña, la gente se disculparía por el error.
Pues nada más lejos. En cuanto les hacía saber que estaban equivocados, inmediatamente alguien me respondía cargada de razón y con cara de reproche: “hija, como la llevas de turquesa, no tiene pendientes, y con ese corte de pelo que le has hecho…”(!!??)
Perdone señora, pero el turquesa le sienta genial, no le he perforado las orejas porque ya lo hará ella solita si le apetece, y de qué corte de pelo me habla si ése es todo el pelo que le ha salido desde que nació!
¿Cómo podía ser la gente tan limitadita de miras? Y tan mal educada, oiga.

A estas alturas continuamos igual. A la gordita no le ha crecido mucho más el pelo, y su fondo de armario continua evitando el rosa. Mamá por su parte, sigue sacando las uñas ante la gente grosera.

Buen fin de semana!

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No cumpleaños

Por segundo año consecutivo barba-papá se ha quedado sin cumpleaños. No es que se haya plantado y no quiera más años o más canas, es sólo que el pobre no ha tenido ocasión de ser protagonista, y se ha visto eclipsado por la gordi.

El año pasado fue inevitable. Apenas seis días antes había nacido la gordita, aún estabamos en la clínica recuperándonos, y sólo unos pocos recordamos que, aparte del bebé más hermoso del mundo, alguien también necesitaba besos y abrazos (y por qué no, una buen a tarta)

NoCumpleanos

Este año quise que fuera diferente, pero no lo logré. Primero porque pusimos tanto empeño en organizar bien lo de la peque, que dejamos a un lado lo demás, y luego porque barba-papá no tenía muchas ganas de protagonizar festejos. Está siendo un año duro para todos y está agotado. Me lo dice su mirada.
Está exhausto de luchar para salvar los trastos y rescatarnos a todos. Anda malhumorado, triste, aún cuando sabe que no hay fórmulas mágicas para que las cosas funcionen, y que es mejor haberlo intentado que sólo haberlo soñado.

Por eso hoy celebraremos el no cumpleaños de barba-papá! Decidirá qué quiere hacer y que no. Le daremos Nocilla para la merienda. Le regalaremos besos y cosquillas. Le proclamaremos el rey de la casa, y le repetiremos una y mil veces que siempre, siempre, estaremos ahí para intentar hacerle feliz.

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Miércoles mudo. Semana mundial de la lactancia

“Miércoles Mudo” es un carnaval de blogs o blog hop iniciado por Maybelline de Naturalmente Mamá.
Participar es muy fácil, sólo debes publicar los miércoles una foto (s) sin escribir nada para explicarla (s) (de ahí viene lo mudo). Para conocer como nació el Miércoles mudo y sus reglas, puedes hacer click aquí.

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Interrupciones

En general tengo dificultad para concentrarme en algo concreto. Voy saltando de idea en idea, no priorizo y practico la multitarea. Agolpo ventanas del explorador cuando trabajo (una, y otra, y otra…), me convierto en la mujer pulpo cuando cocino, y me lavo los dientes mientras me depilo.
Eso sí, cuando me llega la concentración, entro en un estado de trance que da miedito, por eso me irrita tanto que me interrumpan y tener que dejar a un lado lo que estoy haciendo.

Estando embarazada leí un artículo que decía que las mujeres, cuando están gestando, están más dispersas, sufren frecuentes distracciones y disminuye su nivel de concentración. Todo cierto, aunque, si un hombre tuviera la gran responsabilidas de traer a este mundo una personita, creo que también tendría la cabeza en
otra parte! Pero, ¿qué sucede después? ¿No hay estudios al respecto? Yo te diré qué viene después: comienza tu nueva y entrecortada vida.
Un continuo paréntesis, un mundo en el que la concentración como la conocía hasta ahora simplemente se esfuma. Los bebés huelen esos momentos de “distracción” de sus mamás y atacan :)
Vienen con el don de la oportunidad debajo del brazo.

pulpo

* Olvídate de los baños relajantes, las mascarillas para el pelo o la manicura, porque tu bebé considera ese momento el ideal para un ataque de mamitis.

* Ctrl+S, Ctrl+S! Guarda a menudo los documentos con los que estés trabajando. Es posible que te tengas que levantar una docena de veces, y al volver cierres sin darte cuenta el programa, y te lleves por delante lo poquito que has conseguido hacer.

* Comienzas a hablar por teléfono por fascículos. – ¿Qué tal te fue..? Un momento que la niña llora… Qué me decías?…No, no te metas eso en la boca!!…No, no es a tí…Sí, si te estoy atendiendo…

* Nunca más cenarás de un tirón. Justo cuando tengas el plato caliente delante, se despertará llorando y reclamando a mami.

* Si nunca antes usaste marcapáginas, compra uno, y hazte con una buena cantidad de post it para anotar.

* Cada minuto dura 60 segundos, no desaproveches ninguno. Te sorprenderás de lo que puede dar de si una cantidad de tiempo tan breve.

* Cocina con guantes. De otro modo, cuando tengas las manos pringadas de masa de croquetas, tendrás que coger a tu bebé después de un coscorrón.

* Despídete del silencio. Siempre habrá algún sonido perturbador. Un gimoteo, un ladrido, un juguete que pita…y si no lo hay, desconfiarás e irás a ver si todo está en su lugar.

Y poco a poco se van sumando más y más puntos. Y por mucho que estuvieras habituada a hacer varias cosas a la vez, tendrás que renovar tu técnica, o aprender otra totalmente mejorada. Entender que tu bebé siempre tiene una buena razón para interrumpirte, que no lo hace para fastidiar.
Y si a eso le sumas un poquito de yoga, o ejercicios de respiración para lidiar con el estrés que te va a suponer esto, mucho mejor.

Suerte que las mamás venimos con un chip que acelera la adaptación a este tipo de situaciones, aprendemos rápido y perdonamos aún más rápido.
Unos lo llamarán supervivencia, y otros, simplemente amor.

Y a ti ¿Quién te interrumpe?

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¿Quién dijo que organizar un cumpleaños fuera sencillo?

Si te dicen que un año es un periodo de tiempo que pasa sin que casi te enteres es muy probable que no te lo creas. 365 días son muchos días!! Pues es cierto. Al menos si es el primer año de vida de tu bebé.
Se pasa volando, como unas vacaciones. Ojo, no quiero decir con esto que me haya pasado un año enterito tirada a la bartola viendo cómo mi hija se cría sola, ni que cada día haya sido una fiesta. Sólo que es un periodo tan bonito e intenso que se te hace corto. ¿Dónde ha ido a parar todo ese tiempo?

Precisamente por eso, porque todo lo bueno pasa demasiado rápido, hay que saber disfrutarlo. Así que, decidimos organizar una fiesta para celebrar el cumple de la gordita!! Algo sencillo, familiar.
Así dicho sonaba taaan fácil…
Antes de nada habría que elegir la fecha. El cumple cae en jueves, así que, lo mejor sería posponerlo al sábado. El sábado para merendar, un clásico.

globos

Empezamos a avisar a los invitados casi una semana antes, para que nadie tuviera ya otro plan.
La pregunta era sencilla: te invitamos a una fiesta ¿vienes? pues salvo honrosas excepciones, nadie dijo claramente que sí. Ni que no.
¿cómo nos organizamos ahora?
Barba-papá tenía una teoría. Si habíamos avisado a más de 30 personas, con suerte 20 contestarían, y de ahí, tal vez 10 o 12 terminarían viniendo.
Sí, como teoría mola, pero para echar la cuenta de cuántas bocas íbamos a ser…no lo veía claro.

Lo mejor sería ir pensando el menú. ¿Todo dulce? ¿salado? Tiramos por la calle de enmedio, un poco de todo. Eso si, sencillito, que lo íbamos a cocinar barba-papá y yo, y hasta la fecha, nunca habíamos guisado para más de seis personas.
La compra la tendríamos que dejar para última hora, a ver si para entonces sabíamos el número exacto de invitados.

La decoración también queríamos que fuera especial. No me gustan las fiestas decoradas con personajes de Disney (ea, ya lo he dicho!), y aunque llegará el día en que la gordita quiera en su cumple globos rosas de la princesa cómo-se-llame, esta vez sería diferente.
Pillando ideas de aquí y de allá, comprando cartulina, papel de seda y reutilizando mucho, creo que nos quedó más que decente.

fiesta

Faltaba la tarta. Ya que nos habíamos venido arriba organizando todo, ¿por qué no hacer también la tarta? De chocolate y galleta, claro.
Tuvimos algún contratiempo con las natillas, nos peleamos sobre en qué sentido se remueve el chocolate, o cómo hay que alternar las diferentes capas de galleta (sí, cocinar en pareja no es tan ideal como solemos ver en las películas!)

A pesar de tener todo casi listo, el sábado por la mañana estuvimos ultimando detalles. Ya habían contestado casi todos los invitados, seríamos 15 en total.
Me puse a repasarlo todo: ¿no será poca comida? dicen que lloverá, ¿cabemos todos aquí dentro? los globos, ¿no se despegaran de ahí, no?
Uf, ¿quién dijo que organizar un cumpleaños fuera sencillo?
Tranquilidad, no olvidemos que la gente viene a divertirse, y oye, esto no es ningún concurso. Además, como es la primera vez que organizamos un cumpleaños, no tienen con qué comparar.

La verdad es que valió la pena el esfuerzo. Aunque echamos de menos a muchos que no pudieron estar, la compañía fue inmejorable. La lluvia nos dió una tregua, salió el sol y pudimos jugar en el jardín. La gordita se reencontró con sus amigos, recibió muchos (demasiados) regalos y fue, como no podía ser menos, la protagonista indiscutible. La tarta fue un triunfo, y la gente se fue a casa con una sonrisa.
Gracias a todos por venir!

Eso sí, menuda me espera el año que viene, porque hemos dejado el listón muy alto :)

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