Categoría: Salud

Luna llena (o cómo no pegamos ojo)

Siempre he sido bastante incrédula en lo que a mitos y supersticiones se refiere.  Estando embarazada me divertía eschuchar a la gente contarme con convicción esas historias sobre si mi tripa tendría tal o cuál forma en función de si estaba esperando una niña o un niño.  Si tenía cara de que mi bebé iba a nacer con una melena pantojil, o si iba a tener los pies grandes. Había incluso quien aseguraba que no podía bañarme en el mar o que mi hija podría nacer ciega si me daba el sol en la barriga. Bobadas!

Cuando se iba acercando la fecha de parto los comentarios se centraban más en asegurarme que debía observar el calendario lunar para predecir el día exacto en el que vendría la gordi, porque la luna llena (o la nueva, según versión)  motivaba un aumento de partos (y nos pasamos por el forro la FPP y los registros y los años de experiencia del ginecólogo y la matrona, no?) Incluso el abuelo F. al que considero hombre cabal, me decía que, si la luna era capaz de influir sobre las mareas, qué no haría con las personas.

A pesar de todo,  la luna no tuvo nada que ver el día que nació la gordita. Otra fábula más, pensé.

fases_luna

Como era tan comilona, dormiamos poco, pero con todo y con eso,  las noches eran bastante tranquilas. Hasta que llegó la luna llena. Sí, ésa cuyo influjo había subestimado. Fue una noche de continuos despertares, llantos y alboroto. Estaba desesperada ¿sería uno de esos endiablados cólicos?
Al día siguiente lo consulté con la matrona. Descartado el cólico – me dice – es probable que la inquietud fuera por la luna llena. Mamá ojiplática.
Como mi matrona era muy “espiritual” consulté con el pediatra. Misma respuesta.
A ver, no es que quisiera que mi hija sufriera un cólico, sólo que me costaba creer que esa notable alteración del sueño estuviera causada por la luna llena. Pero si yo no creía en esas cosas!!

Bueno, casualidad o no, ya había pasado, y no podría volvera comprobarlo hasta el próximo ciclo.
Un mes después, zas, igual. Noche de insomnio total. No era posible! Tal vez era yo, que me había obsesionado con el tema y claro, le había contagiado mi nerviosismo a la niña.

Ha pasado ya un año desde entonces, y no ha habido un sólo mes en el que la noche de plenilunio haya sido sinónimo de tranquilidad y sueño plácido. Todo lo contrario.
Es cierto que la gordi no es especialmente hábil para dormir, pero la diferencia entre una noche mala y una de luna llena es notable.
No estoy pendiente del  calendario lunar, pero si hemos tenido una nochecita en vela,  al día siguiente corro a consultarlo, y… voilà, ahí está: la luna.

En fin, rectificar es de sabios, así que ahora ya no soy tan descreída para según que cosas. Pero si lo puedo demostrar, mejor. Eso sí, lo de la forma de la tripa, no me lo trago!

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