Trastos, trastos y una cuna de cartón

Viviendo en una casa pequeña aprendes muchas cosas. Aprendes a tenerlo todo ordenado para no tropezar, a decorar con tres cosillas, que el color blanco hace que la casa parezca más grande, a esconder la ropa sucia para que no se vea desde la entrada, a hacer buen uso de los altillos, a vigilar el horno sentada desde el sofá…Y lo mejor, a no acumular. Una casa diminuta te ayuda a controlar el Diógenes que todos llevamos dentro.
Por eso, cuando supimos que la gordita venía en camino, no nos planteamos buscar una casa más grande, podíamos apañarnos de sobra con el espacio que teníamos. Eso sí, teníamos que tener muy claro qué cosas necesitaríamos de verdad y cuáles no. No había cabida para caprichos inútiles.
El problema sería dicernir qué era imprescindible y qué no. Ya sabeis, unos te dicen que no podrás sobrevivir sin hamaquita, y otros que es un armatoste infernal.

trastos

Optamos por no desmadrarnos e ir comprando las cosas según las fueramos necesitando.
Me costó lo mío entender que nos haría falta una mini cuna. ¿por qué? ¿y qué pasa con la cuna? ¿Otro chisme que sólo te va a durar cuatro meses? Vale, el bebé se puede sentir abrumado en una cuna grande, y no quiero que se agobie tan pronto.
Para mi desgracia, los precios de las mini cunas no eran nada “minis”. Problemón. Además algunas, tenían tanto emperifolle que ocupaban casi lo mismo que la grande.

Buscando, buscando encontramos una mini cuna de cartón. Sí, cartón, como las cajas de mudanza. Sencilla, muy mona, precio súper competitivo, plegable, colchón incluido. ¿Pegas? ninguna, sólo el reparo de poner a dormir a tu bebita en un trozo de cartón creyendo que se iría al suelo a la primera de cambio.
Hasta que un día, por casualidad, hablando con una clienta, bingo! ella la había usado con sus dos hijos. Vale, no necesitábamos más, alguien la había probado y estaba contento. Decidido.

Cuando contamos que la gordita dormiría en una mini cuna de cartón que nos había regalado el tío D. hubo bastantes caras raras, la verdad, cómo si estuviéramos haciendo algo mal, o fuéramos unos modernos insensatos (error!, ya hay paises que lo llevan haciendo muchos años) pero cómo yo ya estaba taaan harta de tener que escuchar opiniones acerca de todo sin pedirlas, seguí convencida de haber hecho una buena elección, aunque, claro, con el temor de que el invento no cubriera nuestras expectativas.

minicuna_carton

Al terminar de montarla, supe que habíamos dado en el clavo. Jo, era mucho más firme de lo que habíamos imaginado, pero no pesaba nada, la podíamos mover por toda la casa. Y para colmo, en tres pasos la tenías desarmada.
Fue la cunita de la gordi unos cinco meses. Podíamos haberla usado un poco más, si no fuera porque con las volteretas que pegaba la peque durmiendo, ya se le quedaba corta. Eso sí, para siestas y para tenerla vigilada en el salón, seguía sirviendo.
Más tarde fue la cuna de los juguetes, que en algún sitio tenían que descansar los pobres :)

Sin lugar a dudas, ha sido de los mejores trastos que hemos tenido. Otros no nos han resultado tan prácticos, pero ya os contaré otro día.

 

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4 Reflexiones sobre: “Trastos, trastos y una cuna de cartón

  1. Me dejas impresionada, jamás se me habría ocurrido que existiese algo así.
    ¡Eso se merece la categoría de inventazo!

    • Jajajja, yo la descubrí hace bastante, pero no estaba del todo convencida. Me daba miedo que no fuera lo suficientemente resistente y se me cayera la niña. ¡Para nada! muy resistente y a la vez muy ligera. Y viendo los precios de muchas minicunas…también económica. Inventazo, sí.

      Un beso!

  2. En casa con mamá on 24 octubre, 2013 at dijo:

    Di que sí, lo que a mí me funciona puede no resultarle útil al de al lado. Cada circunstancia es única, y en función de eso hay que saber elegir. Está bien preguntar o conocer qué han usado los demás, pero siendo consciente de tus propios gustos y necesidades.

  3. Yo, en su día, les eché un ojo, pero era anti-minicuna, porque iba a durar bien poco. Al final, optamos por una cuna baratita y, para que no les resultara tan grande al principio, colocábamos almohadas a sus pies y, así, además quedaba un “compartimento” para cambiador, pañales y otros enseres que a veces quieres tener a mano por la noche.

    Cada uno encuentra sus soluciones y, cuando te dejan buen sabor de boca, es que has acertado.

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